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experimento en blanco




Lidiando (Fusión Jazz Band): Volviendo a Casa

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Volviendo a CasaLa presentación discográfica de la banda del guitarrista riojano Luis Vi Jiménez, de nombre Lidiando Fusión Jazz Band, no podía llegar en un momento más adecuado: cada vez son más los músicos que adoptan el jazz como lenguaje para expresarse; las instituciones se han dado cuenta, al fín, de que el jazz es una marca "vendible" y apuestan cada vez más por este género (nunca lo suficiente, pensarán algun@s); y el aficionado español no ha asimilado completamente la cantidad de etiquetas (con sus prejuicios adosados) que los americanos usan habitualmente. En este contexto, Luis Vi nos ofrece una jugosa ración de jazz contemporáneo a lo largo de 10 temas originales, que nos evocan el sonido de bandas míticas como Spyro Gyra, The Rippingtones o Fourplay.

Luis Vi JiménezIntegran la banda, además del propio Luis Vi Jiménez, Javier Lozano (bajo), Rafa Huertas (batería), Michel Ruiz (percusión), Renato Perticci (piano) y José Andrés Biribay (saxo y teclados). Se suma al grupo el vocalista Fernando Mánguz por hip-hop en el tema Rapsodia. Si bien el trabajo de la banda es notable, sobresalen como solistas Luis Vi, con la fender, y José Andrés, en el saxo. A destacar de entre los temas del CD: Sueños, de una delicadeza compositiva poco corriente, Demasié, Avenida del Funk y Cuestión de Principios. En definitiva una música que se me antoja ideal para escuchar a media tarde con la compañia de un chocolate caliente.


Falleció Anita O'Day

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El pasado jueves, 23 de noviembre, fallecía Anita O'Day a la edad de 87 años. Oriunda de Chicago, alcanzó la fama con la orquesta de Gene Krupa, de la que fue vocalista así como también lo fue de la orquesta de Stan Kenton. Tras el paso por esta gran escuela de aprendizaje que es la big band, inició una carrera en solitario que la llevó a ser considerada una de las más grandes vocalistas de jazz, a la altura de Ella Fitzgerald, Billie Holiday y Sarah Vaughan.

Anita se desenvolvía con igual maestría en las baladas como en las piezas boperas, haciendo uso de un scat que sentó las bases del jazz vocal moderno. Sus mejores trabajos los grabó durante las decada de los 50 para el sello Verve. En el año 62 desapareció discográficamente hablando para regresar en 1970, con grabaciones en directo, fundamentalmente, y con resultados bastante irregulares.

Su última grabación, Indestructible!, se ha editado este mismo año. Nos ha dejado una biografía (High Times, Hard Times), el documental "Anita O'Day - The Life of a Jazz Singer" y, por supuesto, su inconfundible perfil con sombrero y guantes blancos en el Festival de Jazz de Newport, inmortalizado en el documental Jazz On A Summer's Day.


Anita O'Day
Sweet Georgia Brown
Festival de Jazz de Newport (NY, 1960)


Sobre las personas que asisten al Festival (I)

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El respetable público del jazz

Idania ValdésRafael Marfil
Cautivos, desarmados y agradecidos por la avalancha de conciertos en noviembre, añoramos ahora las crujientes butacas del Isabel la Católica. Hemos encontrado buena música estos días. Además de una simple afición, el jazz llega a ser una manera de estar en el mundo. En sus acordes nos buscamos un poco a nosotros mismos. Queremos, en nuestra esquizofrenia musical, que nos tarareen estribillos conocidos. A la vez, si esos estándar resultan demasiado obvios y previsibles, aplaudimos con desgana y salimos descontentos.

Necesitamos innovación, pero cuando llega no la perdonamos, ya que siempre recordamos a Duke Ellington y Charlie Parker con esa frase hecha y vacía de “aquello era música”. Observo en los festivales que cada uno va siendo, año tras año, un poco más de su padre y de su madre. Están los modernos que flipan con Zawinul o Garrett. También los hay clásicos, que en realidad están necesitando un bolero bien cantado o una sencilla sesión de ragtime. Siempre están los “boperos”, que no quieren saber nada del asunto si el desarrollo del solista no salta entre mil tonalidades. Coltrane se les queda pequeño hoy día. Luego están los que, puntualmente, acuden llamados por la estética. Ya se sabe, hay quien asocia el jazz con los reflejos de un saxo o el humo saliendo de una esquina en las calles de Harlem. Descubren que, gracias a Dios, no sale humo por ningún lado, ya que es un recurso cinematográfico propio del cine negro. Que los saxos muchas veces no brillan, porque los buenos suelen ser antiguos y están desgastados. Los que buscan todo esto, salen del teatro en silencio al finalizar el concierto, pero no vuelven nunca más.

Javier ColinaLos que más admiración me causan son los fanáticos del free. ¿Cómo puede gustarle a alguien exclusivamente lo que no entiende?. Comprendo su amor por lo distinto, aunque no comparto su actitud radical. Así, todas y cada una de estas tribus conviven perfectamente, aunque se miren de reojo. El público es la verdadera representación de la perfecta convivencia. Algunos, en estos días, se han dedicado incluso a dormir plácidamente durante el concierto. De todos ellos, me siguen impresionando aquellos que observo, cada año, en las primeras filas. Guardan su abono, desde hace décadas, en el fondo de algún cajón. Rememoran las imágenes de Juan Vida para cada edición del Festival. Reservan para siempre en su recuerdo instantes inolvidables, como para mí lo fue Tete Monteliu con Paquito de Rivera en el Estadio de la Juventud.

Sin modestia, porque formo parte de esta última tribu, quiero dedicarles mi más sentido comentario del festival. Todos sean bienvenidos. Con este público y, cómo no, con los patrocinadores y organizadores, el festival ha sido cada vez más grande. Y quizá también más libre.


Noches con swing

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Javier Vercher trío
Secadero. Sábado 18 de noviembre.
Javier Vercher, saxofón tenor
Edward Pérez, contrabajo
Arturo Stable, batería


Rafael Marfil
No hay cuerpo que haya resistido el programa completo del Festival. Nadie, ni los organizadores, aguantan el maratón de conciertos programados para noviembre, sumando el programa central y las actividades paralelas. Sin embargo, muchos de esos encuentros valen la pena, y son una muestra de la cultura que se respira en diversos escenarios de la ciudad, cada uno con su clientela y un modo distinto de sentir la música. Como muestra, y en un último esfuerzo por hacer estas crónicas del jazz más completas, la actuación en el secadero del trío de Javier Vercher. Esa noche actuaba el cuarteto de Celia Mur en La Telonera, que no por conocidos dejan de ser interesantes.

Dicen de los valencianos, como es el saxo tenor Javier Vercher, que nacen rodeados de una cultura de música e instrumentos de viento. En lugar de ir a la catequesis o tener tu primer ligue, como hacían los de mi generación, allí los niños cogen su clarinete y se apuntan a una charanga. Cuenta esa leyenda urbana que el levante cría a sus niños en la enseñanza de una pura respiración diafragmal, regalándole algún instrumento de caña en lugar de su primer balón de reglamento. Como muestra, la música de Vercher, un joven profesor de clarinete que cambió el camino de la música clásica por la locura del noctámbulo jazz. Y va triunfando.

Quizá por la apretada agenda que teníamos los aficionados al jazz esa noche, penúltima del programa central, no había lleno en el Secadero, que suele ser un foro sensible y agradecido a los buenos músicos. Sin embargo, el peculiar trío de Vercher, desarrolló dos pases con gran voluntad. Y como estos músicos viven en la carretera, al día siguiente partían para el conocido Festival de San Juan Evangelista en Madrid.

El jazz de Vercher es respetuoso con muchos cánones, aunque él se empeñe en destacarse como vanguardista en las publicaciones especializadas. Sólo con escuchar sus temas propios Winged Messenger y La serpiente cósmica, encontramos el respeto de los jóvenes músicos en este país por los clásicos del bop, en unas creaciones que aportan sin duda calidad a nuestra discografía. Bien acompañado por Edward Pérez en el contrabajo y Arturo Stable en la percusión, el trío del valenciano podría haber pasado por Granada con más gloria, ya que lo merece. A pesar de la dureza que supone la falta de un piano en una formación de estas características.

Su Mark VI, que es el mismo modelo de saxofón que tocaba en gran John Coltrane, va desarrollando un sonido y una fuerza que aún no ha llegado a su cénit, ya que estamos hablando de un joven artista de 28 años. Como él, encontramos muchos nombres que en un futuro serán protagonistas en los programas centrales. Cuidado, porque alguno de ellos puede estar tocando habitualmente en Granada. Son muchos los músicos que han trabajado duro en las décadas anteriores para estar ahí. Ahora les toca el turno a ellos, así que vayamos prestándoles atención.


El Proyecto Vocalese (estado actual)

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Seguimos trabajando en el desarrollo de la nueva sección que hemos llamado Proyecto Vocalese. Nos continúan llegando respuestas afirmativas de distintos vocalistas y arreglistas vocales, y también los primeros cuestionarios. Entre ellos los de Cheryl Bentyne, Corey Allen, Darmon Meader, Deborah J. Carter, Eddie Landsberg, Giacomo Gates, Ginny Carr, Jackie Ryan, Bob Zaun, Lorraine Feather y Toni Jannotta.

Mientras tanto, seguimos escuchando vocalese gracias a YouTube. En esta ocasión es una cantante llamada Julia Dollison en uno de los más representativos ejemplos de este estilo: Four. Música de Miles Davis y letra de Jon Hendricks.


Julia Dollison & Bill Douglass
Four
(Davis/Hendricks)


Última y definitiva sesión

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Joe LovanoJOE LOVANO NONET
Teatro Isabel la Católica. Sábado 18 de noviembre. Lleno.
Joe Lovano, saxofón tenor
Ralph Lalama, saxofón tenor
Steve Slagle, saxofón alto
Gary Smulyen, saxofón barítono
Barry Ries, trompeta
Larry Farrell, trombón
James Weidman, piano
Dennis Irwin, contrabajo
Otis Brown lll, batería


Rafael Marfil texto
Javier Ruiz fotografía
Lo mejor ha quedado para el final, como no podía ser de otra manera. El cierre del Festival Internacional de Granada ha sido contundente. Su autenticidad ha llenado de satisfacción a los aficionados de toda la vida. El “noneto” del saxofonista Joe Lovano presentaba el último trabajo con Blue Note titulado Streams of Expresión. El contenido de este disco ha conformado gran parte de los temas interpretados. Un sentido viaje por la historia del jazz, en clave de jam session magistral. Uno de esos conciertos que podrían haber durado horas y horas, aunque ya en Granada se perdió hace años la costumbre de pedir más de un bis. Una timidez incomprensible. En el jazz siempre asusta que una gran figura cierre el Festival presentando un nuevo trabajo discográfico. El riesgo de que los divos, que van muy por delante de su propia afición, nos lleven a sufrir una experiencia musical nueva o extraña, convirtiendo al público de los festivales en las primeras víctimas de un posible fracaso. Por suerte, en Granada ha sucedido justo lo contrario.

Lovano es uno de los grandes, sin entrar en absurdas comparaciones con los saxofones tenores del momento. Sin embargo, no se rodea de artistas de una inferior calidad para lucir más. Los músicos con los que cuenta en esta gira le siguen muy de cerca, desde el afamado trombonista Larry Farell, al que le interesa más decir cosas que acelerarse mucho en el bop, hasta la propia cuerda de saxofones compuesta por Ralph Lalama, Steve Slagle y Gary Smulyen, este último portando el siempre impresionante barítono, y desarrollando solos de pie en el centro del escenario, a lo Gerry Mulligan. Con una sección rítmica rozando la perfección y un pianista, James Weidman, que es incapaz de tocar algo que no sea bello, hemos disfrutado de una pequeña big band, si se admite la contradicción del término. Esta gran fiesta del jazz ha supuesto en sí misma un recorrido por momentos claves en la historia de la música improvisada norteamericana, desde el sonido clásico de las grandes orquestas hasta el misticismo y la elevación del mejor John Coltrane.

Joe LovanoEl lenguaje de cada época
El valor de estos músicos no es ya hacer lo que quieren con sus instrumentos, sino su capacidad para adaptarse al discurso propio de cada estilo. El trombón de Farell sonó con la suavidad requerida en Good bait, de Tadd Dameron, compositor en la edad de oro de las orquestas, al que le debemos también el inolvidable Whatever Possessed Me de los bises, última canción que ha sonado en el programa central del Festival. Lovano, por su parte, ha brillado en cada uno de los temas. Fraseo perfecto y respeto a los cánones, pero aportando su personalidad. Ha jugado con arpegios y armónicos, haciendo música sin olvidar la melodía principal que desarrollaba. Ha sido así tanto en sus propias composiciones, como Cool o Blue Sketches, como al aportar una magnífica visión de lo que fue el lenguaje de Miles Davis en Boplicity y el estilo de Coltrane en After the rain. Impresiona pensar cómo cada instrumento ha manejado perfectamente el lenguaje propio de cada tema. A eso se une el buen gusto en la armonía de una formación muy saxofónica, con arreglos para flauta y clarinete que, en algunos momentos, recordaban aquellas orquestaciones de los años 70. La suma de cada individualidad ha convertido el concierto en un ciclón. En la sombra, el trabajo del arreglador y musicólogo Gunther Schuller.

Hemos aprendido historia, repasando el idioma de cada época. La sombra de Parker, Davis o Coltrane planeaba sobre los solistas. Lovano nos ha recordado quién es él y qué es el jazz. Sus músicos han participado magistralmente en una jam session histórica. Una verdadera fiesta. Era el último encuentro del Festival con su público. Quedan algunas actividades paralelas, como conciertos en diferentes salas y el curso de jazz de La Zubia. También queda el recuerdo de grandes momentos del Festival, del que haremos balance. Que no haya tristeza, porque siempre queda la música.


El mejor Jazz del momento

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David Holland Quintet
Teatro Isabel la Católica. Viernes, 17 de noviembre. Lleno.
Dave Holland, contrabajo
Chris Potter, saxo
Robin Eubanks, trombón
Jason Moran, piano
Nate Smith, batería


Rafael Marfil texto
Javier Ruiz fotografía
Sinceramente, alguien que desde muy pequeño se pasaba las horas tocando el ukelele puede llegar a preocuparnos. Menos mal que eligió como instrumento el contrabajo para ofrecer, años después, una noche como la del Festival Internacional de Granada. Dave Holland ha demostrado, con una selección de músicos de gran nivel, que su formación puede estar entre las mejores del mundo. Sólo han necesitado seis temas para demostrar que son gente con clase. No era sorpresa para la afición, que ya lo había escuchado en la costa con su Big Band.

Dave HollandSi el otro día el gran Javier Colina llamaba la atención sobre el contrabajo y su papel en el jazz, el Festival ha continuado in crescendo y nos lleva a cotas de igual o más calidad expresiva. Otra característica de este festival es la de los talentos descubiertos por Miles Davis. Si no se tratara de uno de los maestros universales, diríamos que en vez de músico podía haber sido cazatalentos en aquella época. Además de Kenny Garrett, el contrabajista Dave Holland fue uno de esos descubrimientos de Miles, que lo contrató para lanzarlo al firmamento del jazz. Mantuvo el sentido común después de la famosa etapa eléctrica, y parece que todo lo aprendido ha ocupado el lugar correcto en su música. Y eso que tuvo otra descarga importante con Chick Corea. Le gusta tener cerca un saxo, como ha sido el tenor de Chris Potter en esta ocasión. Compone bien para viento, y algo le suena, ya que ha llegado a tocar con Coleman Hawkins y Stan Getz.

Además, ha sabido armonizar su quinteto como si fuera una verdadera orquesta, aprovechando la calidad y personalidad de su trombonista Robin Eubanks, que ha dado una lección de música mostrando su sonido, jugando con el tiempo, practicando la sabia ley de la síncopa y sumando algún efecto polifónico al usar la voz a través de su instrumento. La gran revelación de su estilo llegó con la interpretación de The Leak, para continuar contando cosas interesantes hasta el final de la sesión. Después de la noche de hoy, algunos se preguntan por qué no corre todo el mundo a la tienda para comprarse un trombón.

La modestia del líder
Holland es ese músico al que siempre volveremos. Y si no al tiempo. Tiene música para décadas en su cabeza. La mayor parte de los temas interpretados eran suyos, como Make Relieve y Lucky 7. Cuando un líder nato asoma por el festival se nota. La primera huella de su grandeza es su modestia, y que comienza hablando y presentando a su grupo. La segunda es su semblante de felicidad mientras hace música. Esa actitud de placer es contagiosa, y el público hoy se ha sentido a gusto. El contrabajo acústico de este artista no tiene ese retumbar al que acostumbramos, y mantiene un creativo ritmo, sin olvidar que también es parte de la faceta melódica de la orquesta. No ha abusado de solos, aunque los que ha hecho llevaban el sello de la casa. Por causas de fuerza mayor, no vino a Granada el vibrafonista Steve Nelson, sustituido dignamente por Jason Moran, pianista de gran calidad que quizá no ha estado tan metido en esa estética Holland como el resto de la formación.

Dave Holland Quintet (casi)Ha sido un concierto de jazz moderno, pero de gran belleza en los temas seleccionados. No hay improvisación lógica sobre una melodía principal con poco sentido. Para mayor agrado de los que han llenado el Isabel la Católica, el batería Nate Smith ha dado también una lección magistral de precisión, con su oda personal al contratiempo, sintonizando de manera absoluta con el líder del quinteto. El trabajo con los platillos ha brillado de manera espectacular al tocar su propia composición titulada Full circle, con algún momento más de fuertes aplausos, que es lo máximo que se puede pedir a un público como el de hoy, más jazzero y reflexivo. Menos dispuesto a vitorear y ponerse en pie.

Hay que agradecer la belleza de cada melodía, como la Dream of the elders en la despedida, compuesta por Holland. Sin embargo, lo mejor de la noche ha sido el tiempo disponible para que cada solista expresara su visión del tema y del momento. Eso es jazz. Este tipo de improvisaciones son más largas, pero tienen mucho más sentido, por eso se nos hacen siempre breves. Tanto como está resultando el Festival. Menos mal que aún queda el gran Joe Lovano.


Auténtica noche de cante

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Dianne Reeves
Teatro Isabel la Católica. Jueves, 17 de noviembre. Lleno.
Dianne Reeves, voz
Peter Martin, piano
Reuben Rogers, bajo
Greg Hutchinson, batería

Dianne ReevesRafael Marfil texto
Javier Ruiz fotografía
Ya era hora de poner voz al Festival Internacional de Jazz. No hay que olvidar que las vocalistas tienen su público, que es una combinación entre aficionados a la buena música y románticos empedernidos. Triunfó Dianne Reeves en Granada una vez más. Sincera, con una encantadora negrura y magníficamente acompañada por el trío de Peter Martin, pianista que vive una contagiosa emoción por la música, y que es responsable del buen gusto en la selección y resultado de cada tema.

Una cantante de jazz ha de ser dulce y ruda a la vez. Sensible, pero capaz de tomar las riendas melódicas de la orquesta. Marcaron ese canon las grandes, como Billie Holiday y Ella Fitzgerald, también Sarah Vauhgan, a quien se compara con Reeves, quizá por la similitud en timbre de voz. Con esos tres nombres sucede igual que con Charlie Parker y todos los saxos altos que le siguieron. Es inevitable comparar, deporte de moda para los críticos. Y puestos a buscar elementos comunes, Reeves cuenta con esa necesaria imperfección que tuvieron las mejores cantantes de la historia del jazz. Tras un magnífico inicio del trío formado por Martin, Reuben Rogers y Grez Hutchinson, nuestra cantante apareció sin grandes artificios, con una sonrisa sincera y situándose dentro del perímetro físico que marcaron sus compañeros. No abandonó esa ubicación para buscar lucimientos fotográficos, y esa ausencia de vanidad se agradece en una diva. Porque Dianne Reeves ha demostrado que es una reina desde sus primeros graves. Buen ejemplo ha sido su manera de concebir las composiciones Triste y Once I Loved de Jobim, el compositor mil veces versionado. El auditorio, que finalmente se puso en pie con admiración, no ha encontrado una voz absolutamente limpia, sino la elegancia y negrura necesaria para disfrutar de una buena comunicación durante toda la noche. Como ejemplo, la magnífica ejecución de improvisados comentarios sobre Granada, juntando música y palabra como en un fandango, pero con blues.

En el jazz, la voz debe tener recursos para improvisar y desarrollar un tema, siendo capaz de aterciopelar una balada sin perder el swing. Dicho todo esto, es comprensible que sean pocas cantantes las que hacen historia. Hay mucha competencia, con nombres Madeleine Peyroux o Diana Krall. En los últimos años, se ha disparado el número de voces femeninas, pero eso no debe impresionar a nadie. Nora Jones, que comparte productor con Diane Reeves, es calificada como cantante de jazz por algunas publicaciones, para mayor quebranto en el ánimo de los puristas, que no perdonan una. Comprendamos que ser vocalista de jazz viste mucho en un cartel publicitario, pero la cantante del Festival de Granada este año merece ese calificativo. En España suenan las voces de Ester Andújar y nuestra Celia Mur. Y tantos son los árboles que casi no dejan ver el bosque. Estamos en el apogeo de una moda. Y en ese complejo panorama, Dianne Reeves es creíble, como demuestra con sus cantos cercanos a la madre África, su desarrollo espiritual de cualquier blues, el homenaje a Nueva Orleáns y su propio tema Mista, situado en lo que siempre hemos llamado fusión.

Su expresión sincera y un desarrollo musical que tiene contenido es la frontera entre el jazz y la canción melódica. Un límite que nos ayuda a deshacernos de los triunfitos y de los coros de rock al hablar, con mayúsculas, de cantantes de jazz. Reeves ha practicado el mestizaje creativo, con experiencias en pop y cine. Y eso le ha dado a su estilo una claridad que se agradece. No cabe duda de que es auténtica, pero su reinado es propio de los tiempos. Y recordemos, por si alguien desmerece la voz como instrumento, que si calla el cantor, calla la vida.


Descarga de vídeos de YouTube

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No cabe la menor duda de que YouTube se ha convertido en el lugar más importante de alojamiento gratuito de vídeos. Y no es menos cierto que lo más interesante es la brutal cantidad de vídeos extraídos de espacios televisivos, lo cual incluye conciertos, documentales y video-clips. Porque vamos a ser realistas, si YouTube se limitara a alojar vídeos de niñacas desafinando canciones o tontarreras dando saltos con una motillo en un descampado, el éxito sería bastante inferior.

El caso es que los vídeos quedan alojados en formato FLV (es decír, en un formato de tipo Flash) y han ido apareciendo diversas herramientas que permiten, por un lado, descargar los vídeos y, por otra parte, convertir los archivos flv a otros formatos como mpg o avi. Sería interesante relacionar un día todas las herramientas y páginas disponibles al respecto.

Sin embargo, esta mañana y a través de Genbeta he descubierto una pequeña aplicación que convierte los archivos de YouTube directamente al formato propio del iPod y además los guarda en la biblioteca de iTunes.

No es ningún secreto que soy uno de los muchos que sucumbió a la fiebre del iPod, y sin ser tan exagerado como mi amigo León (que ha puesto en marcha una fantástica empresa de energías renovables en Granada) que dice que el iPod le cambió la vida, si que es una gozada ir de un lado a otro con 300 ó 400 discos en el bolsillo.

El nombre de la aplicación es iTube y es una aplicación freeware (gratuita). Para poder instalarla es necesario contar con el framework de .NET, cuya descarga también es gratuita.

Para quienes no tienen iPod esta aplicación también es interesante porque permite de una sola tacada descargar y convertir el archivo en formato mp4, que se reproduce a la perfección con Quicktime (como no, :D). Si no tienes iTunes, el programa dará al final un error en el momento de importar el vídeo a la biblioteca, pero queda guardado en el directorio principal donde se haya instalada iTube.

Por cierto, ¿no diréis que no han quedado molones los artículos que ha escrito sobre el Festival de Jazz de Granada mi amigo Rafa Marfil con las soberbias fotografías de mi también amigo (y excompañero de fatigitas) Javier Ruiz?.


Una de Jazz marchoso

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Kenny Garrett Quartet
Teatro Isabel la Católica. Domingo, 12 de noviembre. Lleno.
Kenny Garrett, saxo
Jamire Williams, batería
Kris Funn, contrabajo
Benito González, piano


Rafael Marfil texto
Javier Ruiz fotografía
A veces pienso que el jazz no existe, que es un invento de los nostálgicos. Entonces me doy cuenta del gran cajón de sastre en el que se han convertido los festivales de los últimos años. Y esta mezcla, como todo mestizaje, es positiva. Ha sido un buen concierto el del saxofonista Kenny Garrett en Granada, con rotundo dominio técnico del instrumento por parte del líder y del resto de la formación. Si no fuera porque es músico de jazz, pensaría que empieza a convertirse en un ídolo de masas. Abruma el vigor de su música, desde los primeros acordes de su Beyond the wall, precedidos por unos efusivos aplausos y esos grititos que sólo se oyen en los festivales de jazz y conocíamos previamente por el presentador televisivo José Luis Moreno. Con un tono particular en la comunicación con su público, propio de estos tiempos posmodernos, el artista de Detroit soltó pocas palabras, muchos gestos y más notas todavía. Cierto tono altivo y una estética china para recordarnos la temática de su último disco.

Kenny GarrettTodas fueron composiciones propias, incluidas piezas de su reciente grabación, como Asin Medley, aunque la mayor emoción se consiguiera en ciertos momentos de reposo con su saxofón soprano, interpretando temas como Aren’t nothing but the blues. Como en estos conciertos está todo medido, tocaron su bis Happy people antes incluso de retirarse y esperar los vítores. Quizá esa ha sido la única diferencia de protocolo respecto a lo habitual en su gira por otros lugares de nuestra geografía. El tono general ha estado marcado por esa excitación que propician los ritmos frenéticos, las estridencias controladas, sobreagudos, el juego con el tiempo y finalmente el control de sonido con un pedal electrónico. Igual o más de lo que eres resulta siempre lo que pareces. Son recursos musicales que le valen para jazz, rock, de igual forma que para un roto o un descosido.

Influencias
Tras la fuerza inicial y los momentos más íntimos con el soprano, quizá el último tercio del concierto ha sido un poco más cansado con la eterna repetición de sus ritmillos funkys. No mencionamos el uso de teclados, con los que no le aconsejamos ganarse la vida por lo que se ha podido escuchar. Estuvo a la altura el pianista Benito González, que pasó un rato también en teclados electrónicos a lo Zawinul. Impresionaron al auditorio el batería Jamire Williams y el contrabajista Kris Funn. Si tan lozanos están en este altísimo nivel rítmico y expresivo, no queremos pensar qué ocurra en unos años cuando se suban a un escenario.

Ha sido un concierto de influencias. Está presente la época electrónica de final de los ochenta, en la que acompañó Garrett al gran Miles Davis. Como lo hizo con John Coltrane, el trompetista cool por excelencia, descubrió las grandes virtudes de este saxofonista, haciendo que pasara de bueno a excepcional. También ha colaborado en proyectos de hip hop, y sobre todo con algunos grandes del pop-rock, como Sting o Peter Gabriel. Volviendo a los incondicionales que aplauden enfervorecidos: ¿Lo siguen por sí mismo o por haber participado en esas músicas más populares?. Lo cierto es que este hombre vende discos, pero que nadie sueñe despierto, ya que el jazz tiene sus límites. Para llenar las plazas de toros ya está el Jefe.


Brillante revisión de los clásicos

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Javier Colina & Perico SambeatJavier Colina Cuarteto
Teatro Isabel la Católica. Sábado 11 de noviembre.
Javier Colina, contrabajo
Guillermo McGuill, batería
Mariano Díaz, piano
Perico Sambeat, saxofón alto y soprano


Rafael Marfil texto
Javier Ruiz fotografía
En el mejor concierto hasta la fecha, ya pasado el ecuador del Festival, es un lujo que instrumentistas de esta calidad nos traigan obras de Parker o Thelonious Monk. Un concierto basado, en su mayor parte, en referencias clásicas. Ni más ni menos. Y que nadie piense que es sencillo tocar una pieza escuchada ya mil veces. Un engranaje perfecto, gracias a la capacidad de expresión melódica del contrabajista Javier Colina, la honestidad y calidad contrastada de Perico Sambeat en el saxofón alto y soprano, la luminosidad del pianista argentino Mariano Díaz y el oficio del baterista Guillermo McGuill.

Colina lidera esta formación con una modesta elegancia. Y nos hace reflexionar sobre su instrumento. En fútbol, el defensa central es un hombre gris, que nunca participa en jugadas vistosas del equipo. Así tiende uno a pensar siempre de los que tocan el bajo. Sin embargo, hay genios para desmontar ese prejuicio, como lo fue con mayúsculas Charles Mingus, y ahora con una enorme rotundidad grandes como Avishai Cohen o Javier Colina en nuestro país. Al contrabajista que ha liderado la sexta sesión del Festival, le curtió el alma y le activó todos los resortes del ritmo su paso por el flamenco y lo latino. Con su sonido limpio y el acertado uso de recursos como el arco, la sesión del Festival de Granada ha sido una verdadera lección de buen gusto.

Viejo y nuevo sonido
El fraseo y sonido de Perico Sambeat son una debilidad para muchas personas
. Encontró más sensibilidad para el jazz en el saxofón que en la flauta travesera, carrera clásica que estudió y conoce bien. Por aquello de versionar a Duke Ellington, durante algunos momentos se podían cerrar los ojos y pensar en el timbre de Johnny Hodges de los años cuarenta, que fue el primer solista de su orquesta. Aseguro que Sambeat es un músico honesto porque confía en su sonido, sin demasiados filtros técnicos, y no abusa de arpegios ni agudos estridentes, trucos habituales de los saxofonistas para buscar aplausos. Por contraste, este instrumentista marca hoy día la pauta sobre cómo hay que tocar el alto de jazz en este país.

Perico Sambeat & Javier ColinaTodo ha sido posible con el correcto acompañamiento del pianista Mariano Díaz, que ha venido a recordarnos lo difícil que es hacer que el jazz parezca sencillo. Guillermo McGuill en la batería, que no nació ayer a esta música, empezó marcando demasiado fuerte para terminar disfrutando de la interpretación de su propio tema Vida, haciendo en general un buen trabajo.

Lleno finalmente el patio de butacas. Si estos músicos fueran de Brooklyn y no dijeran una palabra durante el concierto, agotarían las entradas el día que se ponen a la venta, qué duda cabe. Se echaron de menos sus discos a la salida, algo que tampoco olvidan traer y vender casi nunca los del otro lado del charco. Los jazzistas españoles tienen mucho que aprender, pero más en el terreno de la promoción que en el musical.

Después de grandes momentos, como el A love for sale, de Cole Porter, se agradece, en cada uno de ellos, el respeto a los cánones armónicos y la búsqueda de pequeñas melodías en cada desarrollo. La afición de un Festival se reencuentra siempre en un estándar. O quizá resulte que me estoy volviendo un clásico. Lo que sí está claro es que el mejor jazz ha tenido en esta jornada denominación de origen.


Llegó el sabor

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El auditorio del Festival de Jazz se levantó para bailar el son cubano
Buenavista Social Club
Teatro Isabel la Católica. Viernes, 10 de noviembre.
Guajiro Mirabal, trompeta
Cachaíto López, contrabajo
Manuel Galbán, guitarra
Aguaje Ramos, trombón
Javier Zalba, saxos y flauta
Idania Valdés, voz y percusión
Robertico Fonseca, piano
Filiberto Sánchez, timbales
Ángel Terry, bongos y congas
Carlos Colunga, voz
Luis Alemany, trompeta

Buenavista Social ClubRafael Marfil texto
Javier Ruiz fotografía
Elegancia, ritmo y esa eterna nostalgia de la Cuba que todos soñamos. Porque a Cuba se le añora incluso antes de haber estado allí. Un escrito así, aún en el ecuador de un festival de jazz, corre el riesgo de convertirse en una crónica social de lo ocurrido, más que en el registro de impresiones musicales. Lo cubano, con su fuerza, se impuso sobre el jazz. ¿Quién piensa en armonías e improvisación cuando sólo se quiere bailar y gozar?.

Buenavista Social Club es un símbolo de la música latina. Aún están en activo cuatro de aquellos músicos que fueron y son el terror del Caribe, como es el contrabajista Cachaíto López. Los caribeños son siempre sobresalientes en su puesta en escena. Contaba el escenario con el perfil y tipo de cada uno de los cubanos actuales, desde el joven rabiosamente posmoderno en su vestir y con movimientos de rapero norteamericano, caso del pianista Robertico Fonseca, hasta el eterno moreno cubano con su elegancia trajeada y discreto paso de son. Así es el director y trombonista Aguaje Ramos, otro de los cuatro magníficos. Tampoco faltó la estética caribeña del trompetista Alemany, más divertido en la coreografía que en el toque, pues él ya lo hizo todo en la música (recuérdese aquel All Star cubano de hace unos años). Y, como perfecto complemento a la voz del cantante salsero Carlos Colunga, el timbre afroamericano de la joven Idania Valdés. Guajiro Mirabal, el trompetista del Caribe, y Manuel Galbán, rey de los glisandos con su guitarra, completaban la representación de la orquesta de siempre. Junto a todos ellos, el espíritu del gran cantante Ibrahim Ferrer, voz de los tiempos de oro para quien que hubo un sentido recuerdo.

Furor cubano
Son una institución, y los consagró definitivamente la película de Win Wenders. Por eso no descuidan su puesta en escena. Se comprende el fervor del público desde el inicio. Era el reemplazo caribeño del auditorio, ya que las caras no eran las mismas, salvo los incondicionales abonados, que un día esperan algún tipo de homenaje a su constancia. Pudieron escucharse composiciones más actuales, como El rincón caliente, del maestro Montalbán, nominada a los Grammy, además de algún danzón y clásicos como Quizás, quizás, quizás, Redención y Dos gardenias. Musicalmente encontramos al joven pianista Fonseca llevando el peso del gran Rubén González, al que sustituye desde su pérdida con una gran entereza, técnica y creatividad. Esos acordes agudos y efectistas de lo latino impresionan por su fuerza y siempre emocionan.

Robertico Fonseca y Cachaíto LópezAdemás del golpe seco de los dedos de Cachaíto sobre las cuerdas de su contrabajo, el saxofonista Javier Zalba, que doblaba con flauta y clarinete, nos ayudó a disfrutar de los solos con más cuerpo, sin olvidar el sonido de la trompeta y el trombón de los históricos. El patio lleno, aplausos y furor. Hubo cante y, al final, baile, como no podía ser de otra manera. Un rato normalito para los puristas del bop, que no aguantaron los bises, y una gozada para la mayoría. Después, a disfrutar de los conciertos paralelos, que han sido diseñados para que los fanáticos de la música pierdan completamente la salud en los trasnoches de Granada. Por lo pronto, llegan Colina y Sambeat. Lo mejor que da la tierra.


Jornada Intelectual

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Marc Copland Trío con Tim Hagans
Teatro Isabel la Católica. Jueves 9 de noviembre. Lleno
En colaboración con Cuadernos de Jazz
Marc Copland, piano
Tim Hagans, trompeta
Drew Gress, contrabajo
Jochen Rueckert, batería

Marc CoplandRafael Marfil texto
Javier Ruiz fotografía
En los festivales de jazz reconozco que, algunas veces, la noche me confunde. La cuarta sesión ha sido un tanto agridulce, aunque merecedora de asistencia y aplausos por parte del público. Por una parte, el trompetista Tim Hagans ha destacado sobre el trío al que acompañaba. Por otra, el pianista Marc Copland ha mantenido una excesiva obsesión por ensombrecer las posibilidades discursivas de muchos de los temas, en un repertorio en el que las baladas han brillado con una luz especial, como la titulada Espartaco.

Copland, que era saxofonista, volvió a los escenarios tras un tiempo desaparecido en combate. Hizo algo que han pensado casi todos los instrumentistas de viento en alguna ocasión, como es multiplicar las posibilidades musicales al pasarse al piano. Es una necesidad de armonía, de trabajar con acordes, más allá de los desarrollos que permiten los instrumentos de una sola voz. Normalmente, quien siente esa necesidad aprende algo de acompañamiento, pero es raro que se convierta en un verdadero pianista. El propio Charlie Parker soñaba con trabajar como director de una orquesta sinfónica.

Quizá ese completo proceso de formación le permite hoy utilizar recursos armónicos, aunque se echa de menos un poco más de luz y menos introspección en directo, ya que él mejor que nadie debería comprender al instrumento solista al que acompaña, como es en este caso la trompeta y lo ha sido en otras ocasiones el saxo de Joe Lovano o Greg Osby. Mi protesta hacia un pianista llega cuando acompaña de la misma forma que desarrolla un solo. El inicio del concierto, basado en la sugerencia de unos compases estándar en el estribillo, generó interés y expectación. Sin embargo, en los siguientes temas, se sucedieron ideas y emociones muy diversas. Desde alguna balada que rescata en cuatro notas la esencia realmente bella de la música hasta unos tratamientos de repetición de esquemas y búsquedas moderadas de disonancias. Muchas de esas composiciones, grabadas recientemente por esta formación en el disco Beautiful Lily

El trompetista Tim Hagans venía avalado por buenos comentarios en la crítica estadounidense de los últimos años, y su fraseo ha sido quizá lo mejor del concierto. Con poca potencia en los armónicos y sobreagudos, se agradece el magnífico registro medio y su manera de hacer susurrar la sordina. Decir que está influido por Miles Davis no sé si es una obviedad. ¿Qué trompetista no lo está hoy día?. Algún buen momento dio también el contrabajista Drew Gress, acompañado por un discretísimo Jochen Rueckert a la batería.

En el panorama actual no se manejan una decena de nombres, sino cientos, y no sabe uno lo que puede deparar una noche así de festival. Momentos de belleza combinados con una excesiva visión intelectual. No ha sido un mal concierto, pero quizá les ha faltado un poco de “salero”. Al final, un bis que discurrió con más pena que gloria. Hubo espacio para un mensaje sentido y humano del líder del grupo. A su término, como decía el tango, el músculo duerme, la ambición descansa.



Vince Benedetti con la Big Band de Granada
Teatro Isabel la Católica. Miércoles, 8 de noviembre.
Gregorio Buendía, Miguel Ángel Romero, Antonio Alba y Antonio G. Maroto, trompetas
Daniel Anarte, Juan Manuel Pamblanco, Manuel Vargas y José Antonio Rodríguez, trombones
Rogelio Gil y Juan José Rodrigo, saxos altos
Agustín Sánchez y Antonio González, saxos tenores
Toto Fabris, saxo barítono
Celia Mur, voz
Alejandro Serrano, piano
Guillermo Morente, contrabajo
Julio Pérez, batería
Kiko Aguado, guitarra y dirección
Invitado especial: Vince Benedetti


Rafael Marfil
La Big Band. Aquel sueño de algunos viejos jazzman de la ciudad, que aún son el alma de la orquesta. No es la Alhambra, pero deberíamos sentirnos orgullosos de esta formación en Granada, que ha vuelto a estar a buen nivel en la tercera jornada del Festival.

En esta ocasión el invitado ha sido Vince Benedetti, un músico con muchas horas de vuelo, que tiene apellido de escritor hispano y aspecto de profesor de literatura inglesa. Tras una apertura en solitario con el eternamente bello Round Midnight, se podía intuir el estilo del pianista en los arreglos que ha preparado para la orquesta: Elegante, clásico, lúcido y sentido. Esa perfección ha dejado bastante satisfechos a los más puristas. Se le agradece enormemente la preparación de discursos didácticos sobre la estructura de los temas, su razón de ser e incluso los instrumentos protagonistas. Hemos conocido así algunos arreglos propios basados en grandes clásicos, como el Alone Together y un bello homenaje a la suave heroicidad de John Coltrane en los años 50. Una década después llegaría la revolución con un nuevo estilo más explosivo. Hubo tiempo también para seguir las reglas del blues y hacer un homenaje a la época del Soul Jazz.

Buena nota para la veintena de músicos que conforma la Big Band. A la seguridad de la sección rítmica y el discurso maduro del director guitarrista Kiko Aguado, se une el acierto y trabajo de los saxofonistas Rogelio Gil, Agustín Sánchez y Antonio González, con las aportaciones del trompetista Miguel Ángel Romero y el trombón de Daniel Anarte. La vocalista Celia Mur, con esa profundidad inconfundible, interpretó el estándar Take the A train. Aún cada uno de los músicos podría soltarse más. Y seguro que el público se lo agradece. Aunque el auditorio estaba frío al principio, consiguió finalmente un bis improvisado. Son casi profetas en su tierra, y eso ya es mucho.


Razones para no perderse una Big Band

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Vince Benedetti con la Big Band de Granada
Teatro Isabel la Católica. 9 de la noche.
Gregorio Buendía, Miguel Ángel Romero, Antonio Alba y Antonio G. Maroto , trompetas
Daniel Anarte, Juan Manuel Pamblanco, Manuel Vargas y José Antonio Rodríguez, trombones
Rogelio Gil y Juan José Rodrigo, saxos altos
Agustín Sánchez y Antonio González, saxos tenores
Toto Fabris, saxo barítono
Celia Mur, voz
Alejandro Serrano, piano
Guillermo Morente, contrabajo
Julio Pérez, batería
Kiko Aguado, guitarra y dirección
Invitado especial: Vince Benedetti

Rafael Marfil
Es la esencia del gran jazz. De aquella época dorada. Por más modernos que sean algunos arreglistas, el sonido armonizado de tantos instrumentos de viento siempre nos transporta a la música de una etapa norteamericana. Todos hemos amado un poco, quizá por el cine, el sonido de las grandes orquestas de jazz, de Glenn Miller a Duke Ellington. Por otra parte, es el momento y la situación ideal para iniciarse. Y la ocasión para los clásicos de disfrutar. Una formación así siempre es pedagógica. Por si alguien aún piensa que es difícil seguir y comprender musicalmente un tema de jazz, puede recurrir a la identificación del acompañamiento del piano, de los recursos de las sección rítmica, del sonido de cada solista.

Al gran espectáculo visual que supone un concierto de estas características unamos, por qué no, algo de sentimiento de orgullo y patria. Se trata de una Big Band nacida y consolidada en Granada, con un prestigio reconocido por sus anteriores actuaciones y portadora de mucha sabiduría y amor por el jazz en cada uno de sus músicos.

El pianista estadounidense Vince Benedetti, artista invitado en esta ocasión, puede encandilar a algunos puristas. Ha grabado con los grandes, incluido Dizzy Gillespie, fuente de aprendizaje e inspiración del nuevo sonido en el jazz. Si hace falta más, no son nada desdeñables las aportaciones del Director de la Big Band Kiko Aguado y la vocalista Celia Mur, que impresiona por la combinación de fuerza, técnica y elegancia en su voz. Disfrutar esta noche de nuestra Big Band es nuestro modesto reconocimiento al milagro que hacen posible cada año. Que así sea y continúe siendo por mucho tiempo.


Unión Artificial

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JOAO BOSCO Y GONZALO RUBALCABA GROUP
Joâo Bosco: Voz y guitarra acústica
Gonzalo Rubalcaba: piano
Ney Conciçao: bajo
Kilo Freitas: Batería
Nelson Faria: Guitarra
Teatro Isabel la Católica. Sábado, 4 de noviembre de 2006
Rafael Marfil
Los mestizajes, mezclas y tándems internacionales son tan arriesgados como habituales en el jazz. Brasil y Cuba nunca dialogaron mucho, quizá porque se parecen demasiado en su esencia. El uno, creando una música inconfundible; la otra, alimentando su propia cultura mientras hacía la revolución. Y todos esos encuentros y desencuentros se plasmaron en el segundo concierto del Festival. Rubalcaba, que hace lo que quiere técnicamente, no supo en ocasiones cómo dialogar con las complejas armonías brasileñas. Así, contestaba a los dulces cantos de Joao Bosco con inicios de blues, con esquemas cubanos o con acordes muy personales, que sólo pasados varios compases cogían norte en el desarrollo del tema principal.

No quiere eso decir que no valiera la pena el concierto. Sabemos que los cubanos nunca han hablado portugués, y también que en su jazz tienden a emocionarse, a correr y a gozar de la velocidad más que los trovadores brasileños, que buscan la emoción de un inesperado intervalo para finalizar el estribillo. No obstante, esa dificultad fue salvada con dignidad por todos los músicos. Pero no nos engañemos: mandaba la banda brasileña. Los temas, desde Aguas de Março hasta la Nana de Leo Brower, eran realmente emocionantes. La guitarra española de Joao y sus juegos de voz, transportaron a aquellas latitudes a los amantes de la música brasileña. La guitarra eléctrica de Faria demostró oficio, buen gusto y prudencia. Más discreto aún estuvo el bajo acústico. Se agradecieron los estándar, incluso con aplausos en los más populares.

En general, todos hubieran necesitado más compases para desarrollar solos. Más libertad. Pero se sabe que la música brasileña tiene ese dulce exceso de personalidad, y es más canción que jazz. Lo grande llegó con las interpretaciones de Rubalcaba en solitario. Lo suyo es el blues cubano, por inventar términos. Aún es joven, y su virtuosismo técnico impresiona, aunque busca momentos oscuros como nadie en sus desarrollos, que finalmente soluciona con verdadera originalidad. Fue de España a Cuba, pasando por Chicago, en una exhibición de registros. Igual de grande, y en el límite de lo inolvidable, la batería y percusión de Kilo Freitas. Con un todo en uno, pocas veces en el Festival de Jazz algún batería ha hecho tanta música y ha demostrado tanto acierto. Tenía siempre la solución justa y, lo que es más difícil, emocionaba. Si me dicen que es el líder de la banda brasileña, me lo creo. Propongo que se quede para el resto de Festival. Nunca se sabe.


Sabiduría al piano

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Ahmad Jamal Trío
Ahmad Jamal: piano
Idrid Muhammad: Batería
James Cammack: Contrabajo
Teatro Isabel la Católica. Primer concierto del programa central
Viernes 3 de noviembre

Rafael Marfil
Ahmad Jamal es un hoy un clásico. Le ha dado tiempo a todo. A participar en la época de las grandes orquestas, convertir el trío con piano en una formación estándar aceptada. Incluso a componer para cine. Tienes ocasión de todo eso si naces en Pittsburg en 1930, te codeas con los grandes y luego quedas en esa soledad que vivieron algunos de la vieja escuela durante los años 70. Lo mejor quizá sea haber competido con Duke Ellintong en la venta de discos. Después de todo ese devenir, ha llegado a la sabiduría. Nadie mejor que su trío, con James Cammack e Idris Muhammad, para inaugurar el Festival Internacional de Jazz de Granada. Los inicios marcan, casi por superstición, el devenir del Festival. Un sinsabor en el primer encuentro deja a algunos marcados anímicamente.

Jamal, nombre islámico del pianista norteamericano, es hoy uno de los grandes, pero nunca llegó al caché de los maestros que encontramos en enciclopedias, como Oscar Peterson, ni a las innovadoras aportaciones de Monk. Es un superviviente de aquella época dorada. Y el aroma de esa época que aún trae al escenario se le agradece. No está preocupado por exhibiciones técnicas, ya que esa necesidad de florituras se pasa con la edad. Lo importante es la expresión de sentimientos. Por esa razón demuestra una sensibilidad incomparable al sugerir melodías. Jugaba con las teclas, durante la primera noche de conciertos, en un juego de emociones. A veces pellizcándolas, como si tocara un arpa. Retirando rápido la mano derecha, para dejar claro que ese juego era totalmente serio, y le iba mucha emoción en ello.

No podía tener mejores compañeros de viaje, con un acompañamiento sobrio y sereno de bajo y batería. Jamal fue buscando esas notas y parece que las encontró. Su as en la manga era el uso del tiempo, ese factor tan importante en cualquier género musical. Los grandes, y esa es su seña de identidad, ofrecen claridad donde los demás sólo intuyen sombras. Es algo que se nota, sobre todo, en los pianistas. Algunos acordes emocionaban por la enorme luz que podían arrojar sobre el desarrollo. La buena música siempre es didáctica. Sin embargo, nada de excesiva dulzura. Aunque suave en los temas principales, conocimos también un Jamal enérgico en las búsquedas, aporreando durante segundos hasta conseguir lo buscado. Pasamos del sonido que le hizo grande a algunos pasajes más modernos, realmente cinematográficos. El recorrido por las teclas del piano fue, en realidad, un recorrido por su vida. Eso es la música.


Calling For Rain de Lori Cullen

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A lo largo de los últimos 12 años de vida de El Cantor de Jazz hemos utilizado muy diferentes temas como sintonía del programa, pero una de las que mejor recibimiento ha tenido es la versión de If I Only Had A Brain (original de El Mago de Oz) interpretada por la cantante canadiense Lori Cullen. Han sido numerosos los correos de oyentes que nos preguntaban sobre la artista y/o el disco que contenía la pieza. Esta versión estaba incluida en el CD que grabó junto al grupo del pianista Ron Davis en 2002, de título So Much.

Lori Cullen es una joven cantante y compositora que se crió escuchando a Frank Sinatra y Anne Murray por cortesía de sus progenitores, y bailando con la música de los discos de Rush o de The Cars que hurtaba a escondidas a sus hermanos. Con una orientación claramente hacia el pop y el folk, y tras una colaboración con Ron Davis, Lori Cullen regresa a sus raíces con su cuarto CD, Calling For Rain, versionando temas de Joni Mitchell, Gilbert O'Sullivan o Randy Newman. También hay lugar para dos temas propios e incluso para dos standars (Blue Skies y Moon River).

A pesar del tono pop del disco, la mayoría de los temas cuentan con una producción más cercana a la de un disco de jazz. Los solistas instrumentales se dejan sentir en varios rincones del disco (piano y trombón fundamentalmente). Además hay cuerdas, harpas y muchas armonías vocales ejecutadas por la propia Lori gracias al overdubbing.

La voz de Lori Cullen está llena de matices y hace gala de un absoluto dominio del tempo. La selección de temas está a la altura de sus cualidades interpretativas, optando por temas con solera que adquieren auténtica entidad gracias a las versiones de la canadiense. Es el caso de Alone Again, Naturally, de Gilbert O'Sullivan, cuya letra era demasiado intensa para la época en la que el tema se convirtió en un hit.

Me And My Arrow fué un éxito en la década de los 70 de mano de su autor, Harry Nilsson. Treinta años después Lori Cullen ha colocado el tema entre lo más alto de las listas canadienses de folk y jazz. También podemos escuchar en este trabajo versiones de Two Grey Rooms de Joni Mitchell o el ya casi inevitable I Think It's Gonna Rain Today de Randy Newman (he perdido la cuenta de las versiones que se han hecho de este tema en los últimos cinco años).

En definitiva se trata de una gran selección de temas bien interpretados por una vocalista de folk que se pasea por los más importantes festivales de jazz canadienses. Recomendado para todos los públicos.


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