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experimento en blanco




El ritmo de un maestro del Jazz

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Roy Haynes Trio
Jazz en la Costa. XXII Edición
Parque El Majuelo. Almuñécar
Sábado, 25 de julio de 2009

Roy Haynes, batería
David Kikosky, piano
John Patitucci, contrabajo


El festival se despide con una de las figuras clásicas del bop que, a sus ochenta y cuatro años, no sólo es la historia de esta música, sino la esencia de su presente y su futuro

Rafael Marfil Carmona / Fotos: J. Nieto - F. Ruiz Herrera
Cualquier grabación de la época dorada del jazz muestra a un enérgico Roy Haynes, acompañando a Thelonius Monk, Charlie Parker, Gerry Mulligan o Miles Davis, entre otros muchos. La vitalidad y el amor por la música de este batería sigue siendo desbordante a sus ochenta y cuatro años. Feliz por seguir tocando, volvió al Festival Jazz en la Costa acompañado por el contrabajista John Patitucci y el pianista David Kikosky, este último en sustitución del panameño Danilo Pérez. La circunstancia de conocer al pianista suplente no hizo sino enriquecer una noche inolvidable, que cerraba el Festival de mayor nivel de los últimos años. Un verdadero trío de ases sobre el escenario, aunque siempre en una atmósfera de reconocimiento a una leyenda viva del jazz, que marcó el tempo del concierto y lideró con simpatía cada propuesta, sin miedo a jugar con el micro, arracarse a lo funky y amagar algún baile genuinamente afroamericano.

John Patitucci es un valor consolidado, y un compositor de referencia, surgido de la escuela del Chick Corea de los años ochenta. La limpieza de sonido de su contrabajo encontró un complemento expresivo en el uso del arco, en una selección de temas que incluyó alguna obra propia, como Sony Side. Los tres músicos interpretaron títulos que evidenciaban criterio y sensibilidad, como Blues on the Corner, Boo Powell, My One and Only Love o James, en un recorrido por el mejor jazz de las últimas décadas, desde McCoy Tyner hasta Pat Metheny. El pianista David Kikosky, por su parte, demostró estar en sintonía desde el inicio del concierto, liderando el apartado melódico con un impresionante swing y una enorme inteligencia en sus desarrollos.

Haynes dice en sus entrevistas que no es hombre de palabras y asegura no haber experimentado nunca la vocación docente. Él sabe que su música es la mejor forma para comunicar. Su presencia en el escenario es, sin embargo, una verdadera lección de vida. El legado de una sabiduría vital que no le llevó a la autodestrucción, como muchos de los compañeros de su época. Quedan lejanos pero imborrables los años con Charlie Parker o las aventuras con su amigo Miles Davis. Una época dorada del jazz en la que presumían con sus coches deportivos por Central Park. Nunca dirigió, sin embargo, la mirada hacia otra cosa que no fuera la música, y eso le llevó a participar activamente en el presente y futuro de los nuevos caminos que fue encontrando el jazz. Así, en la última sesión del Festival, es comprensible el respetuoso silencio que precedió a una gran ovación a uno de los maestros de esta música.

Un cierre brillante para el Jazz en la Costa de 2009, que ha realizado una de las propuestas con mejor nivel de los últimos años. No podemos olvidar que el de Almuñécar fue uno de los pioneros junto con Vitoria o San Sebastián, y sigue siendo un referente por la voluntad de Diputación, Junta de Andalucía, el Ayuntamiento de la localidad sexitana y Cervezas Alhambra. Ocho conciertos y también las actuaciones y pasacalles por la propia ciudad. Destellos del universo creativo que es el jazz. La última jornada supone un hasta pronto al club de jazz al aire libre que es el Parque del Majuelo. Lo dicho, más que siempre verano, debería ser siempre Festival.

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Una elegante y equilibrada fusión musical

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Ron Carter Quintet
Jazz en la Costa. XXII Edición
Parque El Majuelo. Almuñécar
Viernes, 24 de julio de 2009

Ron Carter, contrabajo
Stephen Scott, piano
Guilherme Monteiro, guitarra
Rolando Morales-Matos, percusión
Payton Crossley, batería


Más que un quinteto, Ron Carter se hace acompañar de un all star para ofrecer un concierto equilibrado desde lo mejor del jazz y la bossanova

Rafael Marfil Carmona / Fotos: J.Nieto - F.Ruiz Herrera
El jazz es una música nacida para la fusión con otros conceptos, y la bossanova ha sido tradicionalmente compañera de viaje de muchos grandes de la música norteamericana, desde el saxofonista Stan Getz hasta el mítico contrabajista Ron Carter, que ha presentado en el Festival Jazz en la Costa su último trabajo discográfico, Jazz&Bossa, una integración perfecta de lo que deberían ser ambas músicas. Aunque la formación de este histórico del jazz estuvo recientemente en el Festival de Granada, es normal que una propuesta así llenara el Majuelo, porque se trata de una garantía de calidad. En ese aval no sólo se incluye un repertorio que, además de obras propias, incluye temas del compositor Antonio Carlos Jobim, como Wave, sino una formación exquisita que constituye un verdadero all star.

El sonido limpio y contundente de Carter tenía su apoyo en el liderazgo musical de Stephen Scott, un pianista capaz de ser brillante en cualquier género y registro, y que recuerda al maestro Oscar Peterson por acompañar con un discreto scat al unísono sus improvisaciones. Lo que fue Scott a la armonía lo aportó el malabarista Rolando Morales-Matos en la percusión, un maestro de fama mundial capaz de comprometerse con una línea temática y encontrar el recurso adecuado en cada instante. Sólo él ya valía la entrada. No fue tan brillante, sin embargo, la aportación del guitarrista Guilherme Monteiro, un nativo de esa música que podría haber dado mucho más de sí, pero que no encontró su hueco sonoro en un combo con tanta personalidad. A pesar de ello sus acordes colaboraron en ese viaje a Río de Janeiro y Bahía.

Hubo tiempo para el estándar My funny Valentine, en el contexto de un paso exquisito y medido por el jazz de siempre, porque el concierto del quinteto de Ron Carter ofreció un ejemplo de coordinación y equilibrio más propio de los grandes años del jazz. Así, y a falta del encuentro con el histórico batería Roy Haynes, la penúltima noche del Festival deja una sensación muy agradable de encuentro con la esencia del jazz y con algunas melodías que nos han acompañado siempre, tanto a los que son asiduos a esta música como los que no. Vale la pena, por tanto, el esfuerzo de Diputación, Junta de Andalucía, Ayuntamiento de Almuñécar y Cervezas Alhambra en estos tiempos de dificultad económica. Parte del público que desfila estos días por El Majuelo recordará aquella histórica noche en la que se aficionó para siempre a la música de jazz. Inundada de la brisa del mar del Almuñécar y la sensibilidad del Ron Carter Quintet, anoche fue una de esas veladas inolvidables.

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El mejor Jazz de Europa

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Stefano di Battista Quartet
Jazz en la Costa. XXII Edición
Parque El Majuelo. Almuñécar
Jueves, 23 de julio de 2009

Stefano Di Battista, saxos alto y soprano
Baptiste Trotignon, Hammond B3
Walter Ricci, voz
Eric Harland, batería


Dominio de su saxo alto y capacidad para comunicar desde el escenario serán dos claves para recordar uno de los mejores conciertos de jazz en estado puro

Rafael Marfil Carmona / Fotos: J.Nieto - F.Ruiz Herrera
El saxofonista Stefano di Battista impartió casi una master class de técnica y expresión en la sexta jornada del Festival de Jazz en la Costa. Un concierto que se hizo breve por aportar el mejor bop de estos días en Almuñécar. A la sensación de fugacidad se unió el alto en el camino que supuso la aportación del joven cantante napolitano Walter Ricci, una voz sensible, especial y entusiasmada que llegará lejos sin duda, pero que distrajo la atención centrada en la avalancha de calidad musical que traía la formación de Di Battista. Aún así, el concierto fue un recorrido con aire mediterráneo por una música que sí era jazz en su estado puro.

La sombra de Charlie Parker está en el trabajo de todos los saxos altos, y continuará eternamente como un nivel inalcanzable, casi de otra galaxia. Di Battista ya superó esa deuda en su disco Parker’s Mood, y lo hizo a gran nivel. Sin embargo, tras la generación de grandes seguidores de Bird como Phil Wood o Jackie MacLean, van surgiendo los que ahora trazan un camino propio. El músico italiano que actuó en El Majuelo es uno de los más destacados en este sentido. Jugó con sobreagudos, exhibiendo una técnica que aporta para el jazz lo mejor de la escuela de París en todos los registros posibles, pero con una propuesta de obras propias, tales como Weather or not o Under her Spell. Hubo espacio para algunos efectos ecualizados y compases llenos de arabescos, como la composición dedicada a la ciudad marroquí de Esauira. Además de su último disco con, titulado Trouble Shootin, Di Battista fue capaz de regalar al público algún estándar en los bises, como Round Midnight o un Mack the Knife deconstruido para jugar con el público.

No teme que nadie le haga sombra, por eso se rodea de los mejores. Llegó a grabar con Elvin Jones el disco titulado Stefano Di Battista, antes del fallecimiento del mítico batería norteamericano. Trabajar con buenos músicos es la clave para crecer. En la presente gira vino acompañado por el Hammond B3 de Baptiste Trotignon y la batería de Eric Harland. El primero supo construir desde el tono solemne y profundo de su instrumento, aportando unos desarrollos muy interesantes. El segundo, con sus enérgicas baquetas, demostró que el ritmo es el resultado de vivir la música con intensidad.

Hay en Italia un aprendizaje cultural de la escena, por la que se mueve este saxofonista romano mirando y sonriendo hacia el público. Cuenta cosas y comunica, con y sin saxo, y eso se agradece en un entorno como el jazz, que siempre es tan sobrio desde el punto de vista humano. Aún es joven y seguirá haciendo historia, pero este músico tiene ya sello propio y un lugar entre los grandes. Es alguien que, desde Roma, nos ha conquistado.

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Sonidos del Mississippi

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John Scofield Piety Street Band
Jazz en la Costa. XXII Edición
Parque El Majuelo. Almuñécar
Miércoles, 22 de julio de 2009

John Scofield, guitarra
Donald Ramsey, bajo eléctrico
Jon Cleary, piano, Hammond B3 y voz
Ricky Fataar, batería


Rafael Marfil Carmona / Fotos: F.Ruiz Herrera
Una noche de blues, aunque el nuevo disco de la formación de John Scofield, Piety Street, presentaba el trabajo como una creación más próxima al gospel. No hay que entrar en géneros, ya que se trata de una radiografía de la música norteamericana, en una iniciativa que constituye un homenaje a la cosmopolita calle Piety de Nueva Orleáns, centro neurálgico del jazz en sus orígenes y de la esencia afroamericana en cualquier época. Scofield es un prestigioso guitarrista de jazz, conocido por la afición tras su presencia en anteriores festivales, pero capaz de sorprender siempre con nuevos sonidos y propuestas llenas de entusiasmo. Hasta un modelo de la marca Ibanez lleva su nombre. Por eso y por sus cuatro décadas de trayectoria llenó El Majuelo, en una sesión menos ortodoxa con el jazz pero con un gran atractivo para cientos de guitarristas que disfrutaron desde la grada. Jornadas como estas atraen a un público más variado, incluso más joven y cercano al rock, pero esa convivencia de sensibilidades es la razón de ser del jazz. Una música concebida para el encuentro y la creación.

Por este motivo, a casi nadie molestó escuchar algunos clásicos de la música norteamericana, concebidos sin demasiada complejidad, pero con la riqueza que siempre aporta John Scofield en sus desarrollos. Hubo espacio para cierto aire soul y hasta country, sin descartar algún ritmo de la música reggae. Así, en ese amplio registro, se escucharon temas como Walk with Times o Angel of Death, sin miedo al aire de profundo sur y carretera polvorienta de All Fly Away. La sola presencia de este guitarrista mítico nos lleva a un recuerdo, por segunda vez este año, a Miles Davis, ya que formó parte de aquella etapa tan controvertida del trompetista durante los años 80. La banda sonora de ese recuerdo son los efectos y ecos electrónicos que sigue utilizando Scofield, capaz de la improvisión más ajustada y de la disonancia más valiente. Son destellos de alguien que ha navegado en muchos mares, aunque desembarca en 2009 desde el epicentro del Mississippi. Aunque se encuentre en medio de un blues tradicional, sus improvisaciones siempre sugieren otros caminos, infinitas sensaciones.

Le seguía de cerca el grupo, incluido el antiguo batería de los Beach Boys, Ricky Fataar, aunque fue el pianista y cantante Jon Cleary el que siguió más de cerca a Scofield. Se echó de menos más presencia de su Hammond B3, que es el sonido inconfundible de la espiritualidad. No faltó, en este polifacético músico, un alarde a lo Eric Clapton al final del concierto en un diálogo entre guitarras con el maestro Scofield. La Piety Street Band ofreció un concierto joven, sabio, sencillo y profundo. Así, al fin y al cabo, debe ser la música. Dios bendiga a América.

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La Escuela de Richard Bona

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Lionel Loueke Trio
Jazz en la Costa. XXII Edición
Parque El Majuelo. Almuñécar
Domingo, 19 de julio

Lionel Loueke, guitarra y voz
Máximo Biolcati, bajo
Ferenc Nemeth, batería


Festival de la Costa, segundo asalto. Prácticamente lleno, aunque con un ambiente más tranquilo, el Parque El Majuelo se inundó de inteligentes ritmos y armonías que siempre llevaban a la madre África. Lionel Loueke es una promesa consolidada, pero aún no ha dado lo mejor.

Rafael Marfil Carmona / Fotos: F.Ruiz Herrera
Es posible el jazz sin instrumentos de viento. Y la guitarra eléctrica ha descubierto un espacio que no estuvo tan claro en los orígenes, con la excepción de maestros como Django Reinhard. El nuevo camino quedaría inaugurado con Pat Metheny, del que es heredero el joven aboense (es de un país de África occidental llamado Benín) Lionel Loueke. Sin embargo, la herencia más directa, por pura afinidad, es Richard Bona. Es la referencia obligada que sugieren las composiciones de Loueke. Son muchas similitudes, como el partido que saca de los registros más graves de su guitarra, acompañándolos con un scat al unísono, un estilo de improvisación y construcción compartida, que ayuda al público a comprender cada decisión musical.

Recomendado con fundamento por Herbie Hancock y Terence Blanchard, no hay duda de su capacidad técnica y expresiva desde el primer compás. Sabe construir un jazz moderno y abierto, con un permanente aire de África que suena a marimba. Quizá un tono demasiado plano en ocasiones, en las que se agradecería más fuerza. No obstante, Loueke se sabe todos los trucos, es un joven genio, y ha sabido elegir como compañeros de gira a Nemeth y Biocalti, una sección rítmica de calidad que disfruta jugando musicalmente con el guitarrista. Doblan tiempos, callan, vuelven, todo con una sonrisa, y eso es difícil por el control técnico que requiere. Destaca la profundidad ecualizada de las voces de Africa, ya que Loueke canta con eco para hacerse sus propios coros. Noche agradable, momentos de sosiego acústico combinados con alguna lección de ritmos vacilones, como pide el género. Hemos conocido a Lionel Loueke, pero algún día volverá con un sello propio mucho más definido. Tiene capacidad, imaginación y sensibilidad para ello.

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Kind of blue at 50. Jimmy Cobb’s So What Band
Jazz en la Costa. XXII Edición
Parque El Majuelo. Almuñécar
Sábado, 18 de Julio de 2009

Jimmy Cobb, batería
Wallace Roney, trompeta
Javon Jackson, saxo tenor
Vincent Herring, saxo alto
Larry Willis, piano
Rahsaan Carter, contrabajo


Rafael Marfil Carmona / Fotos: F.Ruiz Herrera
El Kind of Blue, cincuenta años después. El listón es alto cuando el leiv motiv del concierto es el recuerdo de un disco único, un mito en el que confluyen todas las sensibilidades del jazz. Clásicos y modernos tienen en común la reverencia a este trabajo, considerado indiscutible. Es normal, por tanto, el entusiasmo con el que se llenó el Majuelo de Almuñécar en la primera cita del Festival. No sólo estaba presente en nuestro recuerdo Miles Davis, sino Adderley, Coltrane, Evans o Chambers. El único superviviente, el enlace real, era el octogenario batería Jimmy Cobb, con la emoción de unos golpes de baqueta generados por las mismas manos que formaron parte de la historia en el año 59. Somos irremediablemente mitómanos. Sin embargo, su presencia fue discreta, con un acompañamiento magistral de la vieja escuela, luciendo en solitario fugazmente y a mitad de la noche. El resto de la formación estuvo a buen nivel, aportando para esa atmósfera nostálgica, pero sin caer en la imitación compás a compás ni clavar los míticos desarrollos creativos surgidos hace medio siglo.

Los temas del Kind of Blue, uno a uno. El arranque del disco, con So What, es el inicio de una transición del bop al cool, un sonido inventado por Miles Davis cuando decidió dotar de sentimiento y autenticidad cada nota. La leyenda urbana cuenta que fue una solución que paliaba algunas carencias técnicas, en un época en la que el jazz era un campeonato de velocidad. Sin dar credibilidad a esa teoría, lo importante era el nacimiento de un estilo. Con una calidad indiscutible, la formación de Cobb tardó demasiado en trasladar esa atmósfera. Quizá influyó el tempo más acelerado con el que comenzaron, que llevaba a territorios propios del be bop. Las miradas se dirigieron al trompetista, Wallace Roney, que se mostró entero y estable en su discurso, sin hacer estridentes imitaciones de Miles Davis, con la excepción de modestos guiños apenas evidentes. Por su parte, el saxofonista tenor Javon Jackson fue a más y mejor a lo largo del concierto. Sólo conectó realmente cuando no tuvo dudas en asomarse al estilo Coltrane. Su compañero en el alto, Vincent Herring, discurrió de forma similar, pero marcando un estilo propio desde el primer compás. No citó demasiado a Cannonball Adderley, otro de los maestros que grabaron en el 59, sino que sacó provecho de sus propios recursos, con una capacidad prodigiosa para modificar su timbre y aportar desarrollos acertados. Algunos contraluces favorecieron una estampa absolutamente parkeriana de este saxofonista, en cuanto a la apariencia física se refiere. El que aportó más oficio y soltura fue el pianista, Larry Willis, liderando musicalmente la sesión, con swing y sin complejos. Un joven contrabajista, Rahsaan Carter, aportó una enérgica constancia, en sustitución de Buster Williams.

Un disco versionado tema a tema, con indiscutible calidad aunque algo carente de emoción. Algo faltaba de esa atmósfera del 59, del paisaje de Nueva York que significa Blue in Green, o el profundo e innovador Davis que se encuentra en Flamenco Sketches. Los homenajes son una constante, y siempre conllevan cierto riesgo. El recuerdo es un género propio del jazz. Y así debe seguir siendo. Una música que nació del más inmediato y creativo presente, pero que necesita mirar hacia atrás con devoción. Saber de donde viene. El Kind of Blue es nuestro punto de encuentro. Con algún estándar de propina, donde los músicos soltaron amarras, más cómodos al salirse del peso de la historia, la inconfundible melodía de Milestones cerró el concierto. Calidad y buen tono en el arranque del Festival.

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